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miércoles, 15 de enero de 2014

Dardo a la capitana

Cuando Marc Bloch escribía durante la Segunda Guerra Mundial su obra L'étrange défaite (La extraña derrota, 1940) afirmaba  no abordar con alegría la tarea de historiar las deficiencias de Francia que comparaba con una mater dolorosa. Esto no impidió que cuando fue fusilado por los alemanes en 1944 lo hiciese gritando: "!Viva Francia!".
Al profesorado hispánico le corresponde la tarea de educar al grupo escolar más débil y complejo de la sociedad: el adolescente. En la educación secundaria la acción tutorial contribuye a la educación integral e individualizada del alumnado. Las complejas funciones del tutor, programadas y planificadas, debieran ser reconocidas como labor fundamental en la ardua tarea de educación en un adolescente.
No obstante desde el gobierno educativo se desvirtúa esta labor cuando desde enero del año 2013, sin comerlo ni beberlo, la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid rebaja los emolumentos por esta labor un 50%. La conclusión es que o bien se habían equivocado y nos estaban pagando el doble de lo que merecíamos o que realmente esta labor no merece la pena y por tanto se deprecia para que no se trabaje a partir de ahora nada más que la mitad. Al grito de !Viva España! (con perdón) el profesorado de la Comunidad de Madrid vive con especial incredulidad las idas y venidas de los capitanes de la educación. Tuerta, manca y coja es difícil enarbolar una nave educativa en la que prima, eso sí, poner el pendón bilingüe en lo más alto. Y de hecho allí está, en lo más alto.
Tanto pendón debe ser para disimular el desánimo social sobre las expectativas de futuro, o quizás para preparar a nuestra emigración y facilitarles la búsqueda de trabajo allende los mares. Pero volvamos a nuestra labor que es enterarnos muy por encima de cual es la función de un tutor, vivas a España aparte.
    

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